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La ciudad moderna |
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MUCHO RUIDO PARA NOMBRAR MUY POCO
David Lynch afirma que sabemos más de lo que suponemos. ¿Tiene razón? |
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OS SISTEMAS basados en conocimiento, es bien sabido, son sistemas computarizados con capacidad para resolver problemas en el dominio (ámbito del saber) en el cual posee instrucciones específicas. Es una definición con la carga de ambigüedad que nos proporciona el lenguaje natural y en el que podemos incluir numerosísimas aplicaciones. Aludimos a dicho sistemas como sistemas expertos de Inteligencia Artificial Débil. Son sistemas mixtos que se alimentan de conocimientos heurísticos, algorítmicos y especializados. Son sistemas que nos proporcionan respuestas coherentes y atinentes para el tipo de funcionalidad esperada, que conservan dichas respuestas y que hacen uso de procedimientos de cálculo auditables. Dicho así parece poco, pero justo es advertir que es algo extraordinario si reparamos en las disponibilidades de nuestra civilización de hace 30 años.
Son conocimientos limitados, de encarnadura débil en comparación con la proyección que alcanza el experto humano en uso de los atributos naturales del cerebro, de la vida o de nuestra especie.
El conocido director y creador de la famosa serie Expediente X, David Lynch, afirmó recientemente en una entrevista, que las personas tenemos más conocimiento del que creemos. Sin duda se refería al conocimiento profundo, el que emana del cerebro reptiliano, límbico, al conocimiento que nuestro cuerpo destila por el mero hecho de ser y de vivir, del que no somos conscientes y que tenemos muy débilmente formalizado. Admitiendo que tiene razón, para nosotros, lo sustantivo, lo que nos parece relevante de tal afirmación es que, efectivamente, estamos ante un conocimiento poco reglado, o formalizado, del que no conocemos lo suficiente. Es más discutible si estamos ante mucho conocimiento o si dicho conocimiento tiene el alcance que suponemos y es transmisible. Existe conocimiento individual fruto de capacidades perceptivas y relacionales extraordinarias que aún no sabemos formular o convertir en conocimiento reglado y transmisible (condición no negociable para ser conocimiento desde el punto de vista científico), pero no es el conocimiento que interesa a nuestro grupo de trabajo. Nuestro grupo de investigación, en este caso, no comparte la interpretación de David Lynch, pero la respeta puesto que se trata de un punto de vista muy atinente.
Para "VEGA 1", para nuestro grupo de investigación, es más evidente que necesitamos mucho ruido, voces, o muchos símbolos, lenguajes, para decir muy poco. No se discute que lo mismo, exactamente lo mismo, se pueda decir en muchos idiomas, asunto que puede alimentar la sensación o ilusión de diversidad de contenido respecto al mismo conocimiento. Nos estamos refiriendo a la imperiosa necesidad de reducir dramáticamente la carga de ambigüedad e irracionalidad de la materia prima con la que estamos obligados a trabajar: el lenguaje natural y matemático. Por eso hablamos de exceso de ruido, de exceso de símbolos, de sobreinformación, de exceso de vegetación o de aire cargado, denso de humedad, temperatura y microorganismos patógenos, típico de la espesura selvática y poco propicio para el esclarecimiento.
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